jueves, 20 de agosto de 2009

Agosto...Berlín...y la Veloz Raza Afroamericana.

Usain Bolt en Berlín 2009, agosto.



Jesse Owens en Berlín 1936,mes de agosto. Owens se impone al crédito alemán en la final de los 100 mts.llanos.-Premiación con saludos nazis.






Estamos ahora en agosto, verano en el hemisferio norte, y en Berlín, la capital alemana,se están disputando los esplendorosos Torneos del Mundo de Atletismo. Nuevamente la estrella rutilante es el afroamericano de Jamaica Usain Bolts que pulveriza sus récords de la última Olimpiada de Beijing, incluido los supremos 100 metros llanos entre otras distancias y consecuentes claudicaciones de cronómetros. Puso 9 ss. y 5 dd.En los 200 19ss y 19 dd, aunque en un primer momento quedó marcado en el placard 19 segundos y 20 décimas, posteriormente corregido.
Pero pese a la alta excepcionalidad del caribeño, que deja como novatos a los inmensos Lewis y Johnnson y otros impalas bípedos de justa fama, aún creo que el impacto contemporáneo de estas performances admirables, no tienen la impregnación que también en Berlín, inclusive en un mismo mes de agosto, tuvieron los hazañas de Jesse Owens, afroamericano de los EE.UU., durante las históricas Olimpiadas de 1936, cuando Alemania ya tenía a su Canciller del Reich Gustavo Adolfo Hitler.
Mientras España comenzaba su feroz Guerra Civil, casi tomada como un ensayo de la fatalidad mayúscula que vendría después, Europa vivía solapada temperatura bélica que pretendía encontrar consuelo a su mimetismo de pólvora mediante el pacífico ideal de la tregua sagrada, afín a los Juegos Modernos de los Cinco Aros ecuménicos, como en los tiempos de la vieja Grecia de Corebo, primer ganador del laurel olímpico en la tierra del mar Egeo.
Las Olimpíadas berlinesas a la natural competitividad deportiva y sus talantes nacionalistas de buscar el más amplio mostruario de preseas, en ese inolvidable 1936 agregaba inoculta atracción. El régimen nacional socialista de los trabajadores alemanes, simbolizado en su cruz gamada, la filosofía de Mein Kampf y la superioridad de la raza germana sobre las restantes que componen el complejo cuadro étnico de la especie humana, propagandeaba con el magisterio de Goebbels, que el colosal estadio de Berlín demostraría en los podiums la auto proclamada hegemonía teutónica sobre los demás pueblos inferiores del planeta.
Muchos deportes dirimirían aptitudes en campos, pistas, estaditos, piletas, rings, tatamis, etc. Pero uno era el Rey:El atletismo, considerado como el más confiable y noble evaluador de virtualidades físicas y psíquicas.Y dentro de las especialidades atléticas, los 100 metros libres brillaban notoriamente su dorado testimonio de áureo vanguardismo.
Desbordaba con 100 mil espectadores el gran Estadio de Berlín. El Führer lucía hierático en el regio palco de las camisas pardas para deleitarse con la consumación de la teoría discriminante jugada a las piernas del rubio y potente campeón alemán, que miraba la meta con iris celeste.
En un carril de la magnífica pista el negro Owens preparaba casi en trance hipnótico el despegue. Al pistoletazo de partida no corrió.Voló. Parecía que había llegado antes de partir.
Hitler, discretamente, desapareció.
No obstante el propio Owens confesó que al recibir su medalla el austriaco en el mando de la recuperada Alemania tras el azote del Tratado de Versailles, le correspondió con el brazo len recíproca salutación.
Otra anécdota memorable. La final de los 100 metros se prorrogó de su fecha original pues se le dio tiempo al norteamericano de recuperarse de un malestar gracias al visto bueno del corredor alemán que quería vencer en plenitud total a su ocasional rival, gesto que lo honró por siempre como ejemplo de auténtico fair play…aunque debió cargar sobre si en un tiempo de agudos fanatismos el desdén de connacionales por la ignominia de la derrota ante el hombre de color. Algo así como la tragedia del arquero Barboza de Brasil, custodio del arco locatario en la final futbolística del 50 en Maracaná
La Banda germánica tocó con toda la vibración de sus vientos y del ritmo de su percusión batiente, el habitual ceremonial a los héroes olímpicos, himno nacional del ganador en tanto se izaba para el caso la bandera bicolor y estrellada de los EE.UU.
Tres años después, las Bandas del mundo ya no ejecutarían marchas deportivas pues los tambores repercutirían exclusivamente recios sones marciales mientras los pentagramas llenarían el aire de tonantes clarinadas de guerra. El 1º de setiembre de 1939 Alemania, aliada con Rusia en un Pacto, invadía Polonia y los soviéticos Finlandia.
Comenzaba la hecatombe denominada 2da.Guerra Mundial, apenas finalizada la Guerra Civil entre españoles.

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