domingo, 16 de septiembre de 2007

Adoquines de Mercedes, Cuerpo Duro en Corazón Dulce


Adoquines de calle Rodó casi Ituzaingó, frente a la Galería de Arte "Pedro Blanes Viale".Se van salvando...


Los años 50 del siglo pasado fueron espectaculares en Mercedes aunque las inundaciones del 59 los cerraron con lágrimas acuosas.
Pero en el bienhadado lapso se disfrutó de la colita residual de las ubérrimas cosechas de la década anterior.
La ciudad se transformó. Se construyó el hoy ocioso Mercado Central de Rodó y Varela que espera mejor destino; además su vecino catastral, la ex sala del Cine Mercedes, convertida hoy en armería. En 1954 se inauguró el Estadio “Koster” con una imponente tribuna de espaldas al oeste la que cantó las glorias del seleccionado de Soriano, campeón en el 55 que, desde el 42, no lo era en el prestigioso y desaparecido Torneo del Litoral de Fútbol. Se hizo la pasarela de cemento armado en la Isla del Puerto que hasta entonces era de noble madera. Los pilotes troncos siempre mantuvieron la horizontalidad, pero el notable hormigón, debido a su magna elasticidad , soportó y soporta una lordosis y una sifosis en su estructura vial por algún error de cálculo , una varilla de más o de menos, un encofrado epiléptico o vaya saber que picardía física arquitectónica de la ingeniería pontificia que evoca un náutico reptil.
Se levantaron los gimnasios cerrados de Praga (1957) y de Remeros (1958). Aquel ha sido sede d torneos mundiales o de alta internacionalidad de básquetbol, de voleibol y de futsala. Nació sin pulmones respiratorios, apenas narinas, que hubo que luego implantar y un césped que obliga a suspender juegos si hay alta humedad. Pero su función fue y es de alta necesidad comunitaria. En el de Remeros, un poco más pequeño que el celeste, se colocó revolucionariamente el sistema de ondas abovedadas de ladrillo del famoso Ing Dieste. Falló feo.¿La culpa? No sé. Cuando llovía se transformaba en piscina. Sin embargo resistió el ataque vandálico del Hum con heroicidad de fortaleza en el 59.Con la presidencia del finado Ruben Perera se corrigió en 1972 el mal congénito con un sobre techo de la nunca bien ponderada techumbre de zinc. Ni una gota más de arriba. Las del abajo siempre dan sus correspondientes sustos fluviales al igual que al cercano hermano praguense, ubicado sobre la ex zanja Padilla, tramo final de la calle Varela, que corresponde a la cota más baja de la ribereña Mercedes.
El deporte por esos años se beneficiaría con el ejemplar Velódromo “Leonel Rocca”, hoy con mayor actividad en competencias y actividades no ciclísticas, inusuales, y sí de fútbol infantil y concentraciones paradigmáticas y rituales, expresión de la libertad de cultos religiosos. La Educación vio las tareas fundacionales del Instituto Departamental “José María Campos” de Secundaria con una guiñada a la voluntad del donante, la familia Fúnez, que pretendía fuese para siempre ese lugar, donde se levantaba el Field Oficial de Fútbol, una plaza pública. Hoy no hay ni plaza, solo desasnantes aulas. Tampoco cancha de fútbol. Solo una polifuncional de básquetbol-volibol-handball en los patios del liceo. Jugadores de básquetbol no van a salir...porque la selección de Soriano la conforman gigantes morenos traídos de USA, otra expresión del “imperialismo norteamericano”, dirían los nacionalistas y los frentistas, que hay que pagarlos con dinero criollo y no dejan ¡nada! pero que, muchos de ellos, en el rango no de políticos pero sí de ciudadanos, se encargan de juntarles "víveres" a los morochos los que, quizás, dejen también algunos hábitos de dudosa santidad pulmonar en "retribución"...
Ya ceca del final de la década, en medio de grandes polémicas, se quitaron a las calles céntricas y adyacentes, no a todas, el pavimento de geológicos y culturales adoquines cúbicos, tallados, dicen, por manos de presos .Geológicos: porque son el granito eterno de las eras de la Tierra. Culturales: porque se aplicó sobre ellos fuerza y habilidades humanas a ritmo coactivo en Talleres rudos. Se les sustituyó por hormigón que, se afirmaba, era más higiénico, y facilitaba el mejor rodamiento de los vehículos. Otros, que en definitiva recién hoy reconozco tenían razón afirmaban que los adoquines eran un patrimonio histórico cultural de la urbe hincando con su pétrea presencia las valoraciones que la gente tenía sobre las prioridades de circulación, documento vivo del progreso de la comunidad estampado en la estructuración de los espacios urbanos de la vialidad. Además si hay necesidad de una conexión sanitaria particular, se levantan y se reponen. Con el hormigón hay fisuras y quedan antiestéticos y caros parches de mantenimiento. Si la operación se hace hoy por hoy en las calles de adoquines que restan, la reparación queda horrible ¡porque se han perdido sin dejar herencia artesanal los antiguos obreros municipales encargados de la función!
Hoy la ciudad, tranquila, pasiva, adormecida, discutió levemente, sin pasión, un plan de hacer calles peatonales en el centro. Sacaron y sacan el hormigón de los años 50 que antes fue cama donde durmieron su pereza activa y útil los adoquines –tal vez de Sierra Mahoma-para cubrirlos a favor de los futuros zapatos por baldosones traídos de Córdoba, valle de Calamuchita.
Seguramente va a quedar lindo. No sé si será útil, que es otra cosa. El tiempo lo dirá. Pero se viene una nueva estética que se afianzará con el acostumbramiento y la sustitución de generaciones pedestres sobre el piso cordobés.
El clan de los veteranos que somos de repente clama:
-“Saquen todo lo que haya que sacar, pero nunca más los últimos adoquines”.
Son parte de la identidad de Nuestra Señora de las Mercedes. Si hasta la vieja Europa trata de protegerlos por las anotadas razones frente a las arremetidas de las aves del nuevo gay trinar.

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